ASÍ COMIENZA MI PRÓXIMA NOVELA

Muy buenas, beatiful people

Como prometí en Facebook, aquí tenéis el comienzo de mi próxima publicación. Sólo faltan por atar un par de cabos y rematar la portada, que creo que os va a encantar. Si todo va bien, antes de que acabe noviembre podréis tenerla en vuestro poder. Espero que atraiga vuestro interés.

Una cosa más.
Dado que el objetivo de todo escritor es llegar al mayor número de lectores posible, sería fantástico si lo compartís por ahí. Donde os apetezca. En un sitio o en mil. ¡Ah! ¡O, si tenéis blog, dedicarle una pequeña entrada e invitar a vuestros seguidores a pasarse por el mío!

Ya sabéis los tiempos tan duros que corren para los escritores. Somos muchos y no hay sitio para todos.

Me dejo de rollos. Ahí va.

1.

Vicente Bosques estaba sentado a la mesa de la cocina de su casona en Soteras, un pueblo a setenta kilómetros de Zaragoza, leyendo uno de los folios de la novela que estaba escribiendo en la actualidad. Era viernes por la noche y sólo hacía una hora que había llegado. Al salir de su trabajo en la fábrica de papel, se había pasado por casa para darse una ducha rápida, cogido provisiones de la nevera para una cena frugal a base de embutidos fríos de la que acababa de dar cuenta y puesto rumbo hacia allí. La reunión daría comienzo a medianoche y sería estúpido negarse a sí mismo que no estaba nervioso. Porque era más que eso, en realidad. Estaba… acongojado, por decirlo de una manera delicada. Sabía que había mucho en juego y deseaba con todas sus fuerzas que las cosas saliesen bien.

Si Clara estuviera allí no habría necesitado las dos tazas de café que ya se había tomado ni la tercera que acababa de servirse. Ella siempre sabía cómo tranquilizarlo. Su mera presencia, a menudo, bastaba para hacerlo sentir seguro. Claro que, si Clara siguiera viva, no estaría metido en ese apuro. Los problemas que estaba teniendo para escribir la nueva novela no existirían y ahora mismo se encontrarían sentados en el sofá del comedor de su casa en Zaragoza, mirando algún programa de televisión, con la cabeza de ella apoyada en su hombro y los dos con los parpados entornados y la visión doble de quien empieza a caer vencido por el sueño.

Sobre la mesa estaba el montón bajo de folios de la novela y la bolsa de supermercado en que los había llevado. La página que sostenía entre las manos era la última que había escrito. En la esquina inferior derecha había un número: 107. Hasta ahí había llegado antes de admitirse a sí mismo que no podía continuar, que la historia se le estaba escapando de las manos. Después de que Clara muriese había seguido escribiendo. No inmediatamente. No al día siguiente. Pero había seguido con la historia. Una semana antes de que los dolores fuesen tan fuertes que tuviera que ser sedada con morfina le había obligado a prometerle que la terminaría y que se la dedicaría a todas las mujeres que luchaban contra el cáncer de mama. Él le había asegurado que cumpliría su deseo mientras su rostro se deformaba por efecto de las lágrimas. Así que se había puesto manos a la obra. Debía rondar la página setenta cuando hizo un parón para preparar el funeral y despedirse de ella arropado por familiares y amigos que no cesaron de ofrecerle muestras de consuelo mientras dos operarios del cementerio metían su ataúd en un agujero abierto en un profundo muro.

El sencillo reloj que pendía de la pared marcaba las doce menos diez cuando la puerta de la casona se abrió y entró el primer invitado. Por el ruido de tacones, Vicente supo que se trataba de una mujer. Bebió un sorbo de café frío y releyó la página por enésima vez. No le gustaba lo que había escrito en ella. No porque estuviera mal narrada sino porque lo que allí se decía distaba mucho de lo que debería decir. Se le había ido completamente de las manos. La historia ya no tenía ni pies ni cabeza y vagaba sin rumbo hacia ninguna parte que él conociese. Necesitaba reconducirla. Y eso era lo que quería haber solucionado después de que la reunión de aquella noche tocara a su fin.

A lo largo de los diez minutos siguientes, la puerta se abrió y cerró varias veces más. Los invitados que iban llegando entraban en el salón, buscaban su nombre entre las tarjetas dispuestas a lo largo de la amplia mesa ovalada del comedor y tomaban asiento en la silla que les había sido asignada. Vicente esperó en la cocina hasta estar seguro de que no faltaba nadie. Se reprendió por no haber contado los ruidos de pasos que iban desde la puerta principal hasta el comedor. De esta forma, ahora no necesitaría apelar a su instinto. Porque hacer acto de aparición sólo una vez que todas las sillas estuviesen ocupadas se le antojaba muy importante. Sabía que nadie iba a faltar a la cita así que, si se presentaba ante toda aquella gente y veía alguna silla vacía, su plan empezaría a desmoronarse antes siquiera de haber terminado con los cimientos. No quería esperar a que llegasen el o los rezagados, pero tampoco dar por iniciada la reunión y ser interrumpido por el ruido de la puerta principal al ser abierta.

«No seas tan tremendista», le diría Clara. «Todo va a ir bien. Ya verás como admiten su culpa y dejan de ir a su aire. No entiendo esa facilidad tuya para pensar que, si algo puede salir mal, saldrá mal».

Clara era una mujer positiva. Siempre (hasta que el tumor se metastatizó y empezó a expandirse por los riñones y el estómago) pensó que conseguiría vencer al cáncer. E incluso entonces encontró una razón para seguir sonriendo.

—¿Has escrito hoy? —le preguntaba siempre al final del día.

—Sí —contestaba Vicente indefectiblemente.

A veces era verdad, otras no. Intentaba hacerlo, porque eso era lo que ella quería. Pero algunos días, cuando se sentaba ante el portátil y abría el archivo NUEVA NOVELA, era incapaz de presionar una sola tecla. Entonces, volvía a cerrarlo y se ponía a leer los titulares de las noticias en los periódicos digitales mientras dejaba que fuesen transcurriendo las horas.

 Ahora, resopló y apuró el café. A continuación, descorrió la silla y llevó la taza al fregadero, para lavarla al día siguiente. Dado que la reunión acabaría bien entrada la madrugada había pensado en quedarse a dormir allí y regresar el sábado por la tarde o el domingo por la mañana. Todo dependería de si se sentía con ánimos para volver a escribir, ya que había dejado —deliberadamente— el ordenador en Zaragoza.

3 comentarios en “ASÍ COMIENZA MI PRÓXIMA NOVELA

Los comentarios están cerrados.